Columna: Reflexión para todos los niños, niñas y adolescentes

Por Diana Moreno Pastenes

Ya finalizando el año escolar 2021, debemos reflexionar cómo ha sido este proceso de casi dos años de pandemia COVID19, la que sin duda impactó con fuerzas, sobre todo a la educación pública.

Han sido años difíciles, pero llenos de desafíos y aprendizajes, que nos hicieron repensar en qué es verdaderamente la educación, la vida y el rol del ser humano en ella.

Algunas familias de nuestros niños, niñas y adolescentes (NNA) perdieron sus trabajos, otros enfermaron, muchos sufrieron, y otros vivieron desde el privilegio; muchos de nuestros estudiantes no pudieron asistir a sus escuelas y seguir comunicándose de forma presencial con sus compañeros, docentes y asistentes de la educación.

Pero deben saber que hubo escuelas municipales, a través del país, que siempre estuvimos y estamos alli, detrás de una pantalla, pero presentes. Quizás muchos no nos vieron, pero seguíamos laborando y preocupándonos por entregarles conocimientos, contención emocional y prestando ayuda a las necesidades que presentara cada uno de ustedes.

Reflexionando que una pantalla no nos separó, por el contrario, nos enseñó que existen diversas formas de hacer educación, de hacer vida, de comunicarnos, y aunque no estemos de forma física, no estamos solos.

También aprendimos la importancia del contacto físico, el cual es esencial para los seres humanos, pero tuvimos que cambiar este contacto por palabras, palabras que cada vez se hacían más escasas en la humanidad que nos está dejando, pero cuando volvimos a entender su importancia, se convirtieron en aliento, seguridad, amor y esperanza.

Aprendimos a valorar lo que tenemos, lo que muchas veces no nos dábamos cuenta que estaba alli. Aprendimos que lo material no importa, pero lo que sentimos vale oro. Aprendimos a ser pacientes, a que el apuro por conseguir cosas no sirve de nada.

Aprendimos a que nada reemplaza al ser humano. Aprendimos que podemos hacer una sociedad mejor, solo basta que nos preocupemos del otro, seamos solidarios, sensibles socialmente, comprometidos y responsables con lo que hacemos.

Niños, niñas y adolescentes, confiamos que ustedes harán una sociedad mejor. Creo firmemente como educadora, que este ha sido el tiempo de mayores aprendizajes, porque experimentamos juntos y entendimos lo que es la fragilidad de la vida. Jamás pierdan la confianza en sí mismos, las capacidades y virtudes que tienen. No olviden los aprendizajes que les entregó la vida y que dejó esta pandemia. Tienen la oportunidad de crecer, mejorar,
en sus manos está el poder de realizarlo y tener una sociedad más justa, digna, solidaria y sensible con el otro

Fuente: Diario El Regionalista