Experta: “La clave es mirar al alumno de manera integral y trabajar con la comunidad educativa para fortalecerlo”

Con éxito se realizó la tercera charla del ciclo de conferencias “Sentir para Educar y Educar para Sentir: Las emociones protagonistas del aprendizaje” desarrollado por Fundación Minera Escondida en su trabajo de vinculación con la comunidad en materia de educación.

La conferencia denominada “Cómo trabajar la dimensión socioafectiva en los centros escolares”, estuvo a cargo de Sonia Williams Fox, connotada profesional y autora vinculada a temáticas socioemocionales.

Trayectoria a toda prueba

Sonia Williams es especialista en Educación de la Universidad de San Andrés, Licenciada en Psicología Educacional y Profesora en Pedagogía y Psicología de la Universidad Católica Argentina, además autora de “Las emociones en la escuela” y coautora del libro “El cerebro que aprende”, entre otros.

Luego de una ponencia robusta y conectada absolutamente con la realidad, Williams nos conversa y comparte sus opiniones frente a tópicos relevantes en los procesos que se llevan adelante en las aulas. Aquí compartimos sus impresiones:

  • En su exposición ‘’Cómo trabajar la dimensión socioafectiva en los centros escolares», usted planteó un tema muy importante. A su juicio, ¿cuál es la clave principal?

La clave es tener una mirada integral sobre el alumno, en todas sus dimensiones (dimensión cognitiva, emocional y físico-corporal). La dimensión emocional, que ha sido relegada por largo tiempo, necesita comenzar a ser trabajada e incluida en el currículum escolar para poder llegar a fortalecer estos dos pilares de la educación mencionados por la Unesco: “el aprender a ser y a convivir con otros”. A mi modo de ver, esos son los dos pilares pendientes.

Tenemos que mejorar las propuestas, tenemos que llegar a tener políticas educativas que promuevan la educación emocional, formar a los docentes, que se ofrezca material, guías de trabajo, y que supervisen lo que hacen las escuelas. Creo que si fuera parte de una política educativa, esto estaría garantizado. De lo contrario, quedarían como iniciativas espontáneas de algunas escuelas.

Realmente, esto es lo que necesitamos para lograr una sociedad más justa, más empática, más pacífica. Necesitamos preparar a estos alumnos para un mundo complejo y realmente frágil. Por eso necesitamos que aprendan competencias de trabajo colaborativo para poder ser empáticos, tener una escucha atenta, resolver conflictos y todas las habilidades mal llamadas “blandas”, que realmente son muy duras y claves en la educación. Necesitamos fortalecer las capacidades emocionales y para eso trabajamos con toda la comunidad educativa. La clave es esa: mirar al alumno de manera integral y trabajarlo con los docentes, directivos y familias.

  • ¿De qué forma se puede concientizar a la sociedad sobre la dimensión socioafectiva, para que se le dé la relevancia que debe tener?

Creo que hay diferentes formas de concientizar, pero lo ideal es justamente lo que están haciendo ustedes: comprometerse con el desarrollo de las personas y generar este tipo de espacios de divulgación; las fundaciones, organizaciones y escuelas, deben buscar personas claves que estén bien formadas y que puedan ir sembrando, buscando las maneras de ir informando, formando y transformando.

Creo que hay poca información y, por ende, desconocimiento sobre esta innovación educativa. Como me dijo un profesor hace poco: “yo de esto no sé nada, así que ocúpense ustedes”. La verdad es que esto es parte del ser humano: ¿cómo no me voy a ocupar como profesor de lo que está sintiendo y pensando este alumno?

Necesito pensar en su bienestar, ya que así va a poder estar y aprender mejor, va a poder vincularse mejor con sus compañeros, va a tener más motivación. Todo empieza a fluir en pro de ese ser que está en pleno desarrollo.

Me parece que hay que hacer diferentes cosas al mismo tiempo: yo he tenido la oportunidad de estar en la televisión, ser entrevistada por Instagram, escribir artículos para la revista del Congreso Nacional, publicar libros. Creo que no hay una sola manera de informar y divulgar; la comunidad necesita estar informada en educación emocional. Hay mucha investigación científica y la idea es acercar el mundo académico a la comunidad, y hacerlo bien. Esto conlleva responsabilidad de cada uno de nosotros; en mi caso, yo me especialicé en educación emocional, más allá de ser psicóloga y tener una maestría en educación, y estar en escuelas desde los 17 años en diferentes roles. En Argentina no había nada y en el 2018 tomé la decisión de instruirme a través de la Universidad de Barcelona.

Hoy soy Directora del Postítulo que se inició el año pasado en la Universidad Católica Argentina, junto a Josefina Peire, quien es la coordinadora académica. Este postítulo es de Educación Emocional y Clima Escolar. En el 2018 esto era un sueño; golpeamos puertas, algunas se cerraron y ésta se abrió. La Universidad Católica Argentina tuvo interés en la temática, así que lo diseñamos y dictamos junto a un equipo de especialistas. Se cursa a largo de un año y es totalmente virtual.

Hay que encontrar estas sinergias y ser muy perseverantes. En mi caso, descubrí que esta era mi pasión. Por muchos años he trabajado como psicóloga, como docente y directora en escuelas. Luego me especialicé en educación en la Universidad de San Andrés, hasta que fui armando este rompecabezas dentro de mí. Después descubrí la psicología positiva y la neurociencia afectiva, y encontré todos esos aportes comprendiendo que los aprendizajes se dan en el cerebro y cómo los circuitos afectivos impactan en todos los procesos cerebrales.

  • En este momento en que los docentes y educadores de párvulos en Chile están volviendo a las aulas presenciales paulatinamente, a modo de apoyo concreto, ¿qué deberían tener de manera consciente como “fondo de pantalla”, al momento de comenzar a trabajar presencialmente las emociones de los niños y niñas que han sido afectadas por la pandemia?

Creo que, como fondo de pantalla, pondría la palabra “bienestar personal y social”. El bienestar subjetivo de los niños, porque todo está teñido con esto: observarlos y tratar de evitar hacer juicios de valor. Tratar de no estar solos, estar acompañados de otros docentes, un auxiliar, algún directivo y trabajar en equipo. Que esa mirada sobre los alumnos también sea una mirada integral por parte de los docentes y directivos. Todos hemos transitado la pandemia de una forma compleja, y más aún los niños. Regresan a la escuela y se encuentran con una realidad distinta a la que conocían antes de la pandemia que no es natural para ellos. Lo natural es acercarme al otro y abrazarlo, darle un beso. Es antinatural estar diciéndole que mantengan distancia, que no se abracen y que no se toquen.

Es un contexto surreal. Es muy difícil -y para el docente más aún- porque tienes que cumplir con protocolos que por momentos no se cumplen. Y ¿qué pasa si no lo puedo cumplir? La verdad es que los niños son muy espontáneos y quieren estar con el otro, y para ellos es muy difícil. Pero nosotros, los adultos, que somos los profesionales, tenemos que generar espacios de conversación entre nosotros para compartir las preocupaciones y poder decir “me está sucediendo esto”, “necesito ayuda para abordar esta situación”, “esto es importante”; no tenemos que creer que uno puede hacer todo solo. También necesitamos nuestra propia red de contención.

En nuestro colegio las aulas no tienen puertas, las sacamos. Yo digo que tiene que ver con esto de estar con las puertas abiertas en todo sentido, que yo pueda pedir ayuda cuando la necesito, apoyarme en mis colegas y apoyarme en el equipo directivo. Estamos todos yendo por el mismo camino, queriendo lo mejor para nuestros alumnos y para sus familias, aunque a veces hay situaciones muy complejas.

Los niños y niñas traen una carga de ansiedad, estrés y enojo, y por eso hay que ser muy empáticos. Tenemos que hacer muchas actividades de relajación, de respiración, que puedan hacer visualizaciones, que trabajen con las artes, la música, para que de esta forma logren canalizar y expresar sus emociones, y esto es necesario en todos los niveles.

Los niños necesitan mucha comprensión del adulto porque no la han pasado bien y no la están pasando bien. No poder acercarse a un compañero es complejo y por eso poder expresar lo que están sintiendo es de suma relevancia. Para ello es necesario generar un vocabulario emocional enriquecido es un primer paso. Necesitan hacer actividades donde se ponga en acción lo que están sintiendo, generar esta confianza, y hacer comprender que está bien expresarlo, dejando en claro que es bueno decir lo que estoy sintiendo. Generar diálogo y vínculos positivos me fortalece a mí mismo y a los demás.

  • ¿Qué consejo les entregaría a los docentes que emprenden esta difícil tarea de pasar de aulas virtuales a presenciales?

El consejo es diferente para cada escuela, jardín o institución, ya que cada unidad educativa es distinta. Puede que algunas ya vienen trabajando la educación emocional y, por ende, pueden estar en mejor situación que otras.

Como docente, si estoy sola en el camino de la educación emocional, debo tener en claro que lo que yo haga puede impactar mucho. Hay que trabajar todo lo que tiene que ver con las diferentes competencias emocionales. No hay que desanimarse. Hay que saber que éste es un camino que tiene obstáculos, pero son sorteables. Debemos conocer que hay diferentes experiencias que podemos compartir y debemos seguir formándonos en esto. Hay que tener mucha paciencia, pues todo lleva tiempo. Lleva tiempo porque este cambio tiene que ver con la manera de mirar, con la manera de hacer, sentir y pensar. Es un cambio a nivel cerebral, a nivel de las conexiones neuronales. Tengo que cambiar estas nuevas redes para pensar de otra manera, de una forma mucho más abierta, empática. No podemos reaccionar antes de pensar y antes de tener conciencia de lo que estoy sintiendo. Por ende, exige un trabajo personal de cada docente, sin duda alguna. Frente a una situación tendemos a reaccionar basándonos en nuestros aprendizajes previos, según cómo fuimos educados y según nuestras experiencias de vida.

Lo que propone esta mirada es cómo, yo -como docente-, soy responsable de la mayoría de las cosas que pasan en el aula, cómo yo soy modelo en cada situación y desde ahí tengo que observar, respirar con conciencia plena y pensar, qué es lo mejor para hacer o sentir en ese momento. Necesitamos docentes pensantes, no reactivos, porque los chicos ven esto. Aprenden más de lo que uno hace, que de lo que uno dice, y frente a una situación en el aula, ese niño va a observar cómo el docente aborda esa situación y quizás es una reacción diferente a la que vería en su casa, pero por lo menos desde la escuela le enseñaremos a reaccionar de forma empática y asertiva, expresando las emociones y entablando vínculos saludables y positivos con los demás.