Padres y docentes, urgentes modelos de resiliencia

¿Qué saben los niños de la pandemia? La respuesta es fácil: lo que perciben del ambiente y los contextos que crean los adultos. La representación de la realidad que un niño se hace no surge sólo por lo que oye, también por las expresiones que observa, y por lo que imagina cuando nadie les habla de aquello que a los mayores les preocupa.

El trauma comunitario por la pandemia global que estamos viviendo exige no esperar a que el impacto de un virus inesperado haya pasado para empezar a ocuparnos responsablemente de cómo saldrán reforzados de esta experiencia. De hecho, «la nueva normalidad» de la que tanto se habla está aquí, es hoy, es ahora, y está modificando profundamente la vida de muchos niños.

Ayudarle a reanudar sus vidas entre las grandes pausas. 

Lucas tiene once años,  y es uno de los miles de niños que no deja de recordar el día que vio a su abuelo por última vez. Describe minuciosamente el día y mes que enfermó de Covid-19 y cuántos días estuvo en el hospital. Dice que se siente raro sin él. Mientras describe cómo ha vivido todo este tiempo como si hubiera ido creciendo en medio de grandes pausas y frustraciones, como esperar para volver a ver a sus compañeros, volver al colegio días alternos, imagina que realmente no murió, que tal vez se escapó del hospital… Lucas habla de su abuelo con tristeza, con un tono de voz que va bajando a medida que nuestra charla se alarga. 

Al oírlo, por momentos, me recuerda a otros niños de su edad, víctimas de desastres climáticos o migración forzada. Niños inmersos en un trauma colectivo, increíblemente asustados por el miedo de los adultos. Christos A. Makridis, profesor de la Universidad Estatal de Arizona, incide en la necesidad de aumentar capital social para ayudar a capear traumas colectivos, con el objetivo de aumentar la resiliencia social y especialmente la de niños y adolescentes. 

Un trabajo para el cual los actores han de ser con urgencia padres y profesores, porque como afirma Boris Cyrulnik en  «¿Por qué la resiliencia?»: «Hoy día se sabe que un trauma emocional inhibe el funcionamiento cerebral y que reorganizando el medio se puede ayudar a iniciar un nuevo desarrollo». Promoviendo la confianza, haciéndoles partícipes de sus fortalezas, pero ante todo siendo modelos fiables que les ayuden a encontrar un sentido que les permita retomar sus vidas desde otro lugar.

Tú vales, tú puedes, tú eres importante para mi

Las investigaciones sobre los efectos de la pandemia en niños demuestran que aún no se sabe con exactitud hasta dónde alcanza el número de niños que están estresados, ansiosos y deprimidos, ni qué grupos de edad se ha visto más afectado por un confinamiento que ha servido para cuidarnos pero, como demuestran varios estudios, afecta negativamente la psique.  Muchos jóvenes necesitan por ello con urgencia no sólo hacer del duelo un proceso normal por las pérdidas que pudieron haber experimentado (rituales, familiares, fiestas, relaciones con sus pares…), sino que han de hacerlo en una situación que es anormal por desconocida, por lo que hay ayudarles en el tránsito hacia la recuperación personal, con referentes de confianza para atravesar el dolor del trauma y salir fortalecidos.

La primera pregunta que te has de hacer

Padres y docentes que responsablemente quieran ser modelos de resiliencia han de observar y preguntarse: «¿Qué fortalezas necesita aumentar, según su potencial, este niño que tengo enfrente?; Esto permite enfocar qué habilidades y fortalezas podrían estar en mínimos, sabiendo que sólo será posible potenciarlas si se le demuestra que se cree en su fortaleza, y en sus capacidades sociales, como la generosidad, la empatía, su facilidad para ayudar a otros. Porque sólo actuando actuar desde lo que hay, aumenta aquello que necesitará para salir adelante. Corey Keyes, de la  Universidad de Emory, ha demostrado que la curación y el crecimiento emocional en lo jóvenes necesariamente han de ser procesos simultáneos. No siempre tenemos que esperar hasta que se solucione algo antes de trabajar en desarrollar nuestras fortalezas, así que manos a la obra, es hora de pasar de ser un adulto en el que confiar a un modelo resiliente.

Empieza siendo un adulto fiable

1. Inicia la conversación. El que un niño no hable de una tragedia no significa que no estén pensando en ella. Puedes iniciar con un: «¿Cómo te sientes acerca de lo que está sucediendo en el mundo?»; «¿De qué hablan tus amigos sobre la pandemia?». Tan pronto como haga preguntas o o comparta pensamientos, estarás en buen camino.

2. Recuerda que has de mantener cerrada la boca. Aunque siempre queremos ser buenos oyentes es especialmente crucial ante eventos traumáticos. Algunas razones: Para no responder a preguntas que no fueron formuladas, para no dar información innecesaria, para no satisfacer la necesidad de dar; en lugar de buscar comprenderles. Y recuerda: es más importante lo que sabe que lo que no sabe.

3. Ten a mano frases tranquilizadoras como «Las cosas se pondrán mejor». «Estoy para ti siempre que me necesites».

5. Céntrate en lo bueno para llevarle a otro enfoque. Por ejemplo, que donde hay tragedia, también hay heroísmo: actos de policías, médicos o ciudadanos comunes que restauran la idea de la bondad del ser humano.

6. inspírale para que se sienta fuerte, enviando notas de agradecimiento a médicos, médicos, bomberos o policías.

Cómo ser un adulto resiliente

De ahora en adelante, practica la  resiliencia:

1. Demuéstrale que confías en su persona y en todos sus recursos.

2. Transmítele tus emociones positivas como satisfacción, orgullo, asombro y asombro en clase.https://c31bea258df4f4f4eb480de0c8790815.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

3. Refleja en qué es fuerte, recuérdale situaciones que le parecieron difíciles y salió fortalecido.

4. Ayúdale a identificar, reconocer, practicar y usar las fortalezas de su carácter, que incluyen cualidades como la bondad, el humor, la creatividad y la valentía.

5. Ayúdale a construir su cuenta bancaria de logros y emociones positivas con notas en un frasco de cristal con papeles de colores.

6. Enséñale a cambiar la autocrítica negativa por un pensamientos constructivos: «No es que nada me sale bien, quizás estoy cansado y necesito un descanso»; «No es que soy un desastre, resolví el problema la semana pasada y puedo hacerlo de nuevo».

Fuente: Diario ABC