Presentamos 35 hábitos saludables para niños y niñas

Los hábitos saludables en niños hacen referencia a aquellos comportamientos que realizamos de manera frecuente, casi cada día, que forman parte de nuestra rutina y que nos ayudan a tener mejor salud. La salud no es solo física, si no también mental y emocional.

Para introducir hábitos saludables en nuestros niños no es recomendable iniciar un cambio de de manera drástica. Si al leer nuestra propuesta detectas varios que no lleváis a cabo en casa y que crees que sería positivo para tu familia implementarlos, te recomendamos que empieces con una máximo de dos a la semana, hasta encontrar la manera en la que podéis adaptarlo a vuestra rutina familiar, de forma que todos os sintáis cómodos y encontrando el momento y espacio preciso, para poder desarrollarlo de una manera positiva y nunca como un castigo u obligación desagradable.

Recuerda que para ser considerado un hábito tenemos que ser capaces de repetirlo y mantenerlo en el tiempo, por lo que es mejor considerar pocos hábitos saludables, pero esforzarnos al inicio por mantenerlos, hasta que se establezca una rutina, que iniciar con varios para abandonarlo por completo al cabo de pocos días.

Lo más importante para generar nuevos hábitos saludables en los niños y niñas será el ejemplo de los adultos que les acompañen. Antes de implementar un nuevo hábito en casa preguntémonos si seremos nosotros capaces de llevarlo a cabo y mantenerlo en el tiempo.

Tendremos que tener en cuenta que seremos nosotros como adultos los que tengamos que

esforzarnos por introducir estos nuevos hábitos saludables en nuestras propias rutinas para, posteriormente, poder acompañar el desarrollo con nuestros hijos.

No será suficiente con indicar el nuevo hábito saludable que queramos llevar a cabo en casa y esperar que se cumpla. Necesitará de tiempo, aprendizaje, repetición y mucho acompañamiento, pero te aseguramos que vale mucho la pena.

Dormir suficientes horas

Las horas de sueño van variando a lo largo de la vida de una persona, pero si nos referimos a niños y niñas, de manera general podríamos decir que durante los primeros tres años las horas de sueño van decreciendo. Los recién nacidos necesitan dormir de 16 a 20 horas cada día. Es importante tener en cuenta que esto puede variar y cambios en las horas de sueño de 12 a 22 horas es habitual y no indica ninguna situación irregular.

Al principio los niños no distinguen si duermen de día o de noche, pero alrededor del año habitualmente tienen establecidos los ritmos circadianos y casi todos duermen durante la noche y pueden estar despiertos durante el día, con pequeñas siestas que cada vez se harán menos necesarias.

A partir de los 3 ó 4 años se establece una rutina de sueño de 8 a 10 horas, con una variación de hasta 4 horas dependiendo de cada niño.

Conocer a nuestro niño y saber las horas de sueño que necesita será fundamental para favorecer una buena salud, además de que mejorará el buen humor, el rendimiento escolar y el desempeño del resto de sus tareas diarias.

Comer más frutas y verduras

Se recomienda ingerir al menos cinco piezas de fruta y verdura al día, en sus diferentes versiones:

Crudas, cocinadas, como postres, entre horas…

Conseguir que las frutas y las verduras estén presenten en todas las comidas aumentará considerablemente la salud de nuestros hijos e hijas.

No comer alimentos procesados.

Bollería, galletas industriales, azúcar refinada, platos precocinados, refrescos, aperitivos salados, helados, chucherías, etc.

Acostumbrar al paladar al sabor de los alimentos naturales y sin aditivos artificiales es la mejor estrategia para evitar comer otros alimentos que son perjudiciales para nuestro cuerpo

No hablamos de demonizar alimentos o desterrarlos para siempre de nuestra alimentación, lo que puede causar problemas en otra línea. Si no acostumbrarnos  a llevar una dieta lo más natural posible, con alimentos frescos, de temporada y dejar los alimentos procesados para momentos puntuales, como un cumpleaños, una fiesta o la visita a casa de los abuelos.

Enseñarles a detectar qué alimentos comer y cuáles es mejor evitar.

En la misma línea de lo anterior, educar a la infancia para que sepan detectar los alimentos que les convienen y los que son más perjudiciales para su cuerpo, será una estupenda base para cuando sean ellos mismo los que tengan que organizar y gestionar su alimentación. El origen de nuestros hábitos saludables como adultos se origina en la infancia.

Beber suficiente agua

Lavarse los dientes.

Puede ser complicado establecer rutinas con los niños de higiene, pero con paciencia y acompañamiento por parte de la familia, conseguiremos instaurar hábitos saludables en nuestros niños.

Tener suficiente tiempo para juego libre

Para el verdadero juego libre no reglado. No clases extraescolares, deportes o manualidades, si no tiempo libre que puedan dedicar a lo que ellos más deseen.

Compartir tiempo con los amigos

La infancia disfruta, sin duda, de la compañía de su familia, pero también existen sus necesidades sociales, por lo que estar con niños y niñas de edades similares a la suya es un buen hábito saludable que podremos implementar.

El horario escolar no suele ser suficiente para considerar satisfecho este hábito, ya que, aunque están rodeados habitualmente de otros niños, no siempre tienen posibilidad de interactuar, jugar o hablar más allá de la hora del recreo.

Estas con los amigos y amigas es la mejor manera de poner en práctica nuestras habilidades sociales, aprender estrategias de resolución de conflictos, saber cómo llegar a acuerdos, conocer los límites de las otras personas y los nuestros propios y, por supuesto, disfrutar de la amistad, que es una de las cosas más bonitas de la vida.

Estar en contacto con la naturaleza

Este es uno de los mejores hábitos saludables que podemos inculcar a nuestros niños y niñas. Permitirles jugar, pasear o simplemente estar en espacios abiertos en contacto directo con la naturaleza es muy positivo para el desarrollo de la infancia y mejora la salud mental, también de los adultos.

La calma asociada a la naturaleza, la ausencia de ruidos como coches, obras, alarmas o sirenas, la contemplación de un paisaje bonito que nos genere paz y calma…

Son elementos que de manera general ayudan al ser humano a reducir el estrés y mejorar su salud mental y emocional.

Colaborar en las tareas de la casa

Crear el hábito en los niños de colaborar en diferentes tareas del hogar es sembrar la semilla educar niños más autónomos e independientes, que se sientan una parte importante de la familia, con los mismos derechos y obligaciones que los adultos con los que convive.

Tener rutinas estables

Sin que las rutinas se conviertan en horarios rígidos e inflexibles, que nos aporten estrés o agobio en nuestro día a día, las rutinas son muy útiles para implementar nuestros hábitos saludables en los niños, además les aportan seguridad, ya que pueden anticipar lo que ocurrirá a continuación.

Tener un lugar y tiempo para hablar de sus emociones.

Si nos acostumbramos a generar una rutina diaria en la que poder hablar de cómo ha ido el día, las cosas que hemos hecho y cómo nos hemos sentido, podremos anticiparnos al día en el que realmente necesitan expresar alguna preocupación o una emoción desagradable que estén sintiendo. Si no generamos el hábito saludable de compartir nuestras vivencias y experiencias en casa, será menos probable que lo hagan en el momento en el que sea más necesario.

Si os cuenta encontrar un buen momento para ello, prueba a utilizar espacios que habitualmente ya compartáis, en los que poder introducir estos momentos de conexión emocional, como en la hora del baño, o durante la cena.

Reírnos cada día, disfrutar del buen humor

Sentirse queridos. Ser besados, abrazado

Fomentar la lectura.

Este es un hábito saludable para los niños que en ocasiones se puede convertir en una tarea desagradable, por lo tanto será muy difícil que se integre en su rutina habitual cuando nosotros no estemos presentes.

Es importante introducir la lectura de una manera agradable para ellos. Si no les gusta leer, les podremos proponer que nosotros les leamos un cuento o que pasemos un rato mirando las ilustraciones.

Hacer ejercicio.

Si realiza una actividad extraescolar de deporte, es importante que sepamos que le gusta y la disfruta, ya que si no lo hace y acude obligado, estaremos estableciendo que el deporte no es divertido, ni agradable, si no una obligación, lo que provocará que en un futuro, cuando esté en su mano realizar ejercicio, no guarde un buen recuerdo.

El ejercicio puede ser muy divertido y diverso, como por ejemplo ir andando al colegio, dar una vuelta en bici, usar el patinete, hacer un circuito de obstáculos en casa o simplemente favorecer espacios de juego libre en un espacio abierto al aire libre, esto ya suele ser suficiente para que los niños y niñas corran, salten, trepen a los árboles y estén en continuo movimiento.

Hacer un repaso de su día y agradecer las pequeñas cosas positivas que han ocurrido

Antes de irnos a dormir, podemos dedicar un momentito a recordar los acontecimientos más importantes del día y a recordar los hechos agradables que nos han ocurrido.

Además de ayudarles a estructurar la información del día, les ayudaremos a enfocar su atención en los acontecimientos positivos y ayudarles a conciliar el sueño con recuerdos agradables en su mente.

Llamar a los abuelos, tíos o amigos con los que no pueden tener contacto de manera más continua.

Escuchar música que les guste

Estar bajo el sol.

No se trata de que los niños tomen el sol de manera directa, si no que estén en movimiento bajo el sol, realizando sus distintas actividades.

Dependiendo del país, en algunos meses se hace imprescindible la protección solar para proteger nuestra piel de los rayos ultravioletas y cubrir la cabeza para evitar la acción directa del sol.

No pasar demasiado tiempo sentados.

Los niños y niñas no suelen aguantar mucho tiempo sentados, y lo que a los adultos nos puede parecer algo desesperante en algunos momentos, es altamente saludable. En una sociedad cada vez más sedentaria, favorecer que realicen actividades de pie puede ser muy positivo. Podemos permitir por ejemplo que puedan estudiar de pie o si tenemos que estar mucho tiempo en casa realizar actividades que permitan que se mueva cada cierto tiempo.

Pasar suficiente tiempo con mamá y/o papá.

Tiende a decirse que con los niños hay que pasar tiempo de calidad, lo que es cierto, pero muy importante también es pasar suficiente tiempo con ellos. Los niños aprovechan para hablar y compartir sus ideas o preocupaciones en los momentos más insospechados, en ocasiones pensamos que si organizamos actividades interesantes o planes sofisticados o caros, será más sencillo que consigamos conectar con ellos, pero habitualmente lo que más valoran nuestros hijos es pasar suficiente tiempo con nosotros.

Tener tiempo libre en el que no exista nada planificado.

Elegir su ropa.

Si por edad no es posible que puedan elegir de manera completa qué ponerse, si podremos darles a elegir entre varias opciones. ¿Qué prefieres, la camiseta verde o la azul?

Fomentar su autonomía

No haciendo por los niños nada que ya puedan hacer por sí mismos, exceptuando tareas que ya han conseguido realizar pero donde necesiten acompañamiento por tratarse de algo tedioso que les cuesta completar en solitario, como por ejemplo lavarse los dientes o ponerse los zapatos.

Poder participar en las decisiones de la casa.

De manera adaptada a su edad y nivel de desarrollo, se puede siempre tener en cuenta su opinión al mismo nivel que la nuestra.

Dejarles desarrollar su creatividad.

Música, dibujo, arcilla, plastilina, inventos

Mantener su espacio recogido.

Permitir que se desordene mientras jueguen, creen o experimenten, pero generar el hábito de recoger al terminar, les ayudará a mantener su espacio ordenado, para poder encontrar siempre lo que necesitan y poder realizar otras actividades sin que nos molesten los materiales que hemos dejado en medio.

Respetar sus propias decisiones

Hay muchas decisiones que se escapan de la capacidad de entendimiento de nuestros hijos e hijas y dejarles elegir en esos casos sería traicionar la idea de libertad.

Pero hay decisiones que podemos y debemos respetar, validar y tener en cuenta, que en muchas ocasiones no se respetan por las prisas o nuestra ceguera adulta que nos impide entender los motivos que llevan a los niños y niñas a tomar sus propias decisiones.

Limitar las horas de pantalla, especialmente antes de ir a dormir.

Tener acceso a información adaptada a sus intereses.

Si somos sensibles a los intereses que muestran nuestros niños y niñas, veremos que hay multitud de temas por los que se sienten atraídos.

Podremos poner a su alcance nuevos materiales que les permitan conocer más sobre el tema, organizar una excursión a un museo, ver un documental o hacer una investigación.

Sabemos que organizar todo esto es cansado y conlleva primero una observación real de nuestro niño y después una implicación activa en las tareas que vayáis a hacer.

Es habitual que los niños y niñas tengan multitud de tareas, deberes y actividades obligatorias pero que dediquen poco tiempo a sus verdaderos intereses, lo que realmente les gusta, les apasiona y les mueve.

Si esto no se cultiva en la infancia, es habitual que al llegar la adolescencia los niños estén tan desconectados de lo que de verdad les gusta e interesa, que entren en un estado de apatía generalizada.

Los intereses dependen de cada niño o niña, pero algunas ideas son: El universo, los dinosaurios, la historia, los animales, los países, etc.

Qué aprendan a escuchar a su cuerpo y su mente.

Cuando escuchamos a nuestro cuerpo él mismo nos suele indicar qué necesita, pero es una comunicación que es poco probable que atendamos. Necesita un tiempo de aprendizaje, pero si tomamos el hábito saludable de escuchar a nuestro cuerpo, descubriremos como en ocasiones es el que nos indica que estamos cansados, que tenemos hambre y por ello ahora tenemos menos paciencia, que nos estamos pasando de tareas y exigencias y necesitamos parar, que no estamos descansando bien y tenemos sueño, y por lo tanto nos encontramos más irascibles, etc.

De la misma manera, si un niño está preocupado o desanimado, es adecuado que intente indagar de dónde viene, qué ha podido causar esa emoción, por qué se siente así…

Acompañar su actividad en internet.

Este es un hábito enfocado a los familiares yo acompañantes, pero que necesita instaurarse en la infancia para poder convertirse en una rutina sin que cause peleas. Hay que respetar la delgada línea entre respetar su intimidad y permitir que pueda expresarse con sus amigos sin que nosotros tengamos que conocer todo el contenido de las conversaciones, pero conociendo las líneas que no puede pasar porque pueden ser peligrosas y por ello tendremos que acompañar y supervisar su actividad en internet, cuidando de que no hable con personas desconocidas, no envíe datos personales de él mismo o de su familia a terceras personas, que cuide y proteja su intimidad y respete la del resto de personas, etc.

Hacer cosas nuevas.

Favorece la flexibilidad cognitiva y la adaptación al cambio.

Hacer cosas nuevas no implica realizar tareas muy complejas, pueden ser cosas tan sencillas como probar nuevos sabores, recetas, conocer nuevos lugares, ir a un parque distinto, etc.

Estos son los 35 hábitos saludables para niños y niñas que te proponemos instaurar desde Raíces Psicología. Como te comentábamos al principio del artículo, te recomendamos que tengas en cuenta previamente vuestro tiempo disponible, necesidades específicas, cómo es vuestra familia y en qué áreas te gustaría centrarte, antes de iniciar en la misma semana multitud de cambios que os abrumen y se hagan difíciles de mantener en el tiempo.

Esperamos que os puedan resultar de utilidad este artículo sobre los hábitos saludables para niños y niñas.

Por Verónica Pérez Ruano – Raicespsicología.com